lunes, 13 de mayo de 2013

Inmortal (Cap I)

Intento N°1: Escrito a fuego

La brisa del aire, las hojas secas, la taza de café vacía, papeles borroneados y algunos vacíos, el lápiz casi sin punta, las deliciosas noches en vela y nuevamente mis ojos cansados extenuados de voluntad a pura sangre, en efecto, las cosas son como quiero. Si supiera exactamente porque algunas cosas no se dan, ahora no estaría cabreado. Más o menos, el detonante en parte sucedió así, o como sea.

Hace 10 minutos:

-Señor Nadal, sé que es un poco tarde para esto pero necesito saber que dijeron los editores, y además esta vez estoy seguro que--

-Lo siento Arsen, no quedaste otra vez, dicen que es muy buena pero carente de emoción

Y resumiendo esto, bueno, ya tengo todos los bancos y las sillas reunidas en el medio, la nafta se la robé al celador, los fósforos tuvieron el mismo destino, mi pregunta es ¿por qué será que no sale como siempre?, no me importa, estoy cansado de esta mierda, siempre lo mismo, ahora me topé con esta muralla infranqueable, y los inescrupulosos editores me dicen que “estoy carente de emociones” cuando les entrego una puta obra maestra, bien, seguramente el colegio entenderá mi enojo, por lo menos con este pequeño “accidente”, esto va también por el profesor Nadal, ese viejo puto y pervertido también la va a pagar, todo el tiempo con “lo siento, tu historia no fue tan interesante” o “hiciste todo lo que pudiste” o peor, “supongo que deberías centrarte más en otros ámbitos, ¿ya has conseguido novia?”, sí, sí, sí, ésta va por vos, forro.

Esta será mi bronca, solo mía en contra de este mundo austero, lleno de gente carente de emociones, me dicen a mí frío cuando ellos ni siquiera tuvieron en cuenta los míos, bien, lo mismo va para el resto, y esto me recuerda muchas cosas, la vez aquella que en primaria se me cayó el alfajor al piso por culpa de una compañerita y solo me dijo “Perdón, mi culpa” y se fue corriendo o la otra cuando estaba en el bondi llevando una pesada caja de libros y esos pendejos forros no me dieron el asiento, bien, la juventud está podrida también, que se maten todos…

Tome el fósforo, lo prendí, en los pasillos del Instituto no se escuchaba ni un alma, y el celador justamente no estaba hoy, por lo que sé, mi suerte mejora por lo menos para esto, puedo imaginarme los encabezados de mañana “Incendio en prestigioso colegio” o “Se quema aula en colegio de caretas”, me gusta más la segunda. Me giré, y apagué el fósforo porque casi me quemaba el dedo, pensar te quita segundos de madera, me acerqué a la pila de cosas en medio del aula, tome aire, exhale, putié un poco por las cosas anteriores, y volví a tomar aire, es cierto, había una corriente de aire que provenía del pasillo de todas maneras no podía hacer nada al respecto, la puerta no cerraba bien y por ende quedaba atascada. Por otro lado, este tema recurrente de “muralla infranqueable” se estaba convirtiendo en una pesadilla, sobre todo por el hecho significante de las editoriales, esos buitres no aceptaron mi manuscrito, pero bueno, ¿cuantos intentos son necesarios? ¿1, 3, 7 o 15?, este sería el 16…

-AHHHH!!! A LA MIERDA!!! –Prendí el cerillo- ¡esto va por ustedes ingratos, sucios buitres, esta sociedad da asco!

-Entonces mejor deberías suicidarte y así ganaríamos todos.

La puerta se cerró, la plateada luz del exterior pegaba por los minuciosos rincones del aula hasta dar con un semblante detrás de mí, para lo que reveló lo imposible.

-¿Una chica?

-¿Qué se supone que vas a hacer? ¿Una revolución?

-No entendes nada, no te importa y rajá de acá.

-Eu, eu, eu, baja el tonito chico raro, nadie quiere bailar con los terroristas hoy.

-No estoy de humor para nada viral, aparte, no entendés lo que siento, solo viniste a joderme nada más.

-¿Eh? Banca un toque, por lo menos decime por qué estás haciendo esto, es muy infantil quemar las cosas porque sí.

Un incómodo silencio rompió las palabras, la brisa no se escuchaba, ni siquiera mi respiración, en todo caso, ¿por qué carajos estaba haciendo esto?, no puede existir un justificativo para esto, ¿o sí?, no, no, un segundo, no puedo bajar la mirada y decir que “no es asunto suyo”, pero, ¿qué va a saber ella? , sí, ella no sabe nada.

-No entendes lo que es esto, esto de intentarlo, intentarlo e intentarlo, intentar hasta que te duela el alma, se supone que cuando te esforzas logras las metas pero esto no termina más, yo lo intenté muchas veces, muchas, al final solo me deja un amargo sabor metálico en la boca y los puños lastimados. No importa que tan genial parezca la idea, si no tenés lo que se necesita…

-¡Deja de decir estupideces, aparte es una locura lo que vas a hacer, no podes joder a los demás por tus fracasos!

-Está claro que no tenés idea de nada, nena. Esto lo hago para desahogarme, ¿acaso no podes comprender un poquito eso?

-Seguro tengo más idea que vos, y encima la tengo.

-¡Mentira! No tenes derecho de decirme--

-Silencio, yo sí entiendo ese sentimiento, el de querer mucho lograr algo, lo entiendo, seguro mejor que vos. Sí se supone que yo soy la que lo entiende, ¿por qué no estoy en tu lugar ahora?, ¿Sabes acaso lo que se siente que todos esperen grandes cosas de vos y no dar con el target?, te lo respondo, NO. Sí, puede que yo sea todo eso… pero aun así, esto, es injusto. Es MI DERECHO SENTIRME COMO VOS, yo tendría que estar en tu lugar, dame eso.

La muchacha presurosa se incorporó hacía mí, tomo los fósforos y se puso enfrente del montón diciéndome “Gracias”.

-UN MOMENTO, ¿qué mierda haces?

-Lo que no te atreves y estamos esperando.

-Woo, woo, woo, para un segundo, dame los fósforos che, aguantá.

-No, vos solo sos un tarado sin intenciones suficientes, esto me corresponde a mí.

-Sí… bueno, en parte sí, pero mejor no, no, vamos, ¿en serio vas a hacerlo?

-¿Eh? Deberías ser el primero en estar de acuerdo conmigo, ahora correte.

Definitivamente ESTO está mal, sí, ESTO está mal, los cables me chispearon por unos segundos, sentí un sabor agridulce en la boca, tragué saliva pero desconociendo la situación, ¿ahora se invirtieron los papeles?, era seguro que las cosas no podrían ir peor, más sabiendo que estaba retractándome. Pero… solo por un momento, por un segundo, fue ese segundo que cambió mi vista, mi visión del “todo”, porqué esa muchachita, esa situación, mis sentimientos de derrota, el todo, se mezclaba, ahora estaba frente a una imagen única, esplendorosa y radiante de una especie nueva de “verdad”, quizás por el olor a nafta mezclado con madera vieja y polvorienta o el óxido del metal de las sillas, no tenía idea. Me solté.


-Es verdad.

-¿Qué cosa?

-Es en vano quemarlo todo, quizás, solo quizás somos apenas unos niños. Apagá eso y vámonos, no tenemos nada que hacer acá… mucho menos yo.

Derramar genialidad era mejor que lágrimas, recuerdo ese sentimiento. En cierta forma, no podía rendirme ante mi enojo porque “sí”, si algún día hago algo estúpido que sea algo como salvarle la vida a alguien, sí, definitivamente ponerme en riesgo por nada sería algo verdaderamente estúpido. La miré a los ojos, vi el cerillo aun prendido.

-Guarda, te vas a quemar.


-¿El qué? ¡Ay! –en cámara lenta vi el fósforo prendido cayendo, es de esos momentos en donde la estupidez te gana, como si magia fuera, como si todos los santos inexistentes se fundieran y culminasen en un evento trágico, y ella, ella ahí en frente del infierno que ese maldito cerillo desató, fue suficiente para no reflexionar. El humo se acumulaba rápidamente en el cielo raso, corrimos hacia la puerta intentando abrirla pero no cedía… se había atascado. Entre la desesperación, observamos todo, las cortinas envueltas de fuego y humo no nos dejaban más que arrinconarnos sobre la entrada y las patadas que daba a la puerta eran inútiles, tan inútiles como mis guiones.

-Bien, hasta acá llegué… -me dije, aun así, la chica medio soñolienta tambaleó a mi derecha y se dejó caer, la tomé por la cintura y nos sentamos, era todo muy raro, pensando que todo fuese por un error de cálculo o algo parecido, pero no. Iba a morir. Sobre mi hombro derecho yacía ella, teniendo unos segundos me percaté que era muy esbelta, de curvas delicadas y de suave contextura, tal cual una doncella de las fábulas medievales, cabello largo y lacio color rojizo, se hacía más intenso con la luz de las llamas, su piel de tez tan blanca como la nieve, estaba jodido, me preguntaba qué carajo podría estar haciendo ella a estas horas acá, por supuesto no era necesario preguntarle, estaba en shock. "Estas son las llamas más rojas que he visto en mi vida" -me dije- y la belleza de esas luces se comparaban solo al cabello de esta chica, llamas de la verdad. El calor atestaba por todos lados, la transpiración de mis manos ya no me importaba, 2 metros, ahora 1 metro nos separaba de nuestro destino, mierda, no quiero desesperarme, ¿pero que más podría hacer?, no quiero terminar así. Hasta este momento se tuvo que arruinar, la primera vez que abrazo una chica y estoy por morir, que boludez, hubiera sido más factible un francotirador drogadicto.

Mis ideas fluían deprisa como el fuego, esto era realmente deprimente, yo abrazando a una chica a punto de morirnos los dos, era muy de “novela”, esta es la mierda que llaman romance, quizás a eso se referían los editores, un momento, ya lo tengo. Un rumor desde los labios de esa chica se escuchó, casi imperceptible: “Gracias”. La miré fijamente, la abracé fuerte.

-Tenemos que salir vivos de aquí… como sea…

Continuará.



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